Verifactu 2027: qué cambia en tu facturación y qué puedes automatizar
TL;DR
Verifactu obliga a que tu software de facturación genere registros inalterables y encadenados de cada factura. Las sociedades tienen que estar adaptadas antes del 1 de enero de 2027 y el resto de obligados antes del 1 de julio de 2027. No afecta a quien ya está en el SII ni a quien factura bajo TicketBAI en el País Vasco. Usar un programa que no cumpla puede costar hasta 50.000 €. Lo importante para una empresa: Verifactu no es un proyecto de inteligencia artificial, es un cambio de software, y la mayor parte del trabajo consiste en elegir programa y migrar sin romper nada. Pero el cambio abre una ventana para arreglar lo que de verdad consume horas —meter facturas de proveedor a mano, perseguir documentación, cuadrar lo que no cuadra, reclamar cobros—, porque vas a tocar ese proceso de todas formas. En esta guía: qué obliga exactamente la norma y qué cambia en el papel de la factura, cómo saber en cinco minutos si tu programa actual sirve, en qué se diferencia de la factura electrónica B2B (que es otra cosa y se confunde constantemente), qué partes del proceso se automatizan bien y cuáles no conviene tocar, el plan por semanas para llegar a enero, cuánto cuesta y cómo calcular si compensa, y los errores de migración que más caros salen.
Qué es Verifactu y qué obliga exactamente
Verifactu es el sistema definido por la Agencia Tributaria para que los programas de facturación no puedan alterar una factura después de haberla emitido. Nace del Reglamento que desarrolla los requisitos de los sistemas informáticos de facturación, y su objetivo declarado es acabar con el llamado software de doble uso: programas que permitían emitir una factura y luego borrarla o modificarla sin dejar rastro.
En la práctica, tu software tiene que hacer tres cosas por cada factura que emitas:
Generar un registro de facturación. Un apunte con los datos esenciales de la factura —emisor, receptor, fecha, importe, tipo impositivo, número— creado en el mismo momento de la emisión.
Sellar ese registro con una huella digital. Un valor calculado a partir del contenido, de modo que cualquier cambio posterior produzca una huella distinta y se note.
Encadenarlo con el anterior. Cada registro incorpora la huella del registro previo, formando una cadena. Si alguien borra o modifica una factura del medio, la cadena se rompe y queda evidencia.
Además, las facturas pasan a llevar un código QR que permite a quien la recibe verificarla, y las que se emitan en modalidad Verifactu incluyen una leyenda indicando que el registro ha sido remitido a la Agencia Tributaria.
Lo relevante para ti como empresa: nada de esto lo haces tú, lo hace tu programa. Tu trabajo consiste en asegurarte de que el programa que usas lo hará a tiempo.
Las dos modalidades: Verifactu y no Verifactu
El sistema contempla dos formas de cumplir, y conviene entenderlas porque tienen implicaciones distintas:
Modalidad Verifactu (remisión). Tu programa envía cada registro de facturación a la Agencia Tributaria de forma automática en el momento de emitir. A cambio de esa transparencia, los requisitos técnicos de conservación en tu sistema son más livianos: la Administración ya tiene el registro.
Modalidad no Verifactu (registro local). Los registros se quedan en tu sistema, sin remisión automática, pero con exigencias técnicas notablemente más estrictas: firma electrónica de los registros, conservación durante el periodo legal, trazabilidad completa de accesos y eventos, y disponibilidad inmediata si te los reclaman.
Para la inmensa mayoría de pymes y autónomos, la modalidad Verifactu es la opción sensata: menos responsabilidad técnica propia, menos que mantener y menos que demostrar si un día hay una comprobación. La modalidad no Verifactu tiene sentido en organizaciones con requisitos particulares de confidencialidad o con sistemas muy integrados donde la remisión continua genera problemas operativos.
A quién obliga y desde cuándo
Las fechas son lo que más confusión genera, porque se han movido respecto a las previsiones iniciales:
- 1 de enero de 2027: contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades, es decir, sociedades mercantiles de cualquier tamaño.
- 1 de julio de 2027: el resto de obligados tributarios, incluidos autónomos y profesionales.
Quién queda fuera. Dos colectivos importantes. Quien ya remite sus registros a través del SII (Suministro Inmediato de Información), que afecta a grandes empresas, grupos de IVA y quienes están en devolución mensual; y quien factura bajo TicketBAI en el País Vasco, que tiene su propio sistema y su propio calendario.
También hay supuestos de facturación que quedan al margen por su naturaleza, como determinadas operaciones sujetas a regímenes especiales. Si tienes dudas sobre tu caso concreto, esa es una consulta para tu asesoría, no para un artículo.
Las sanciones, con el matiz que casi nadie explica
La cifra que circula por todas partes es hasta 50.000 € por ejercicio. Conviene entender a qué corresponde exactamente, porque se está usando para meter miedo.
Esa sanción se aplica a la tenencia o uso de sistemas informáticos que no cumplan los requisitos. Es decir, por usar un programa que no certifica su conformidad. También se contempla sanción para los fabricantes que comercialicen software no conforme.
No es una multa por equivocarse en una factura, ni por un error puntual del sistema. Dicho esto, el riesgo práctico para una empresa normal no es la sanción: es llegar a enero con un programa que no cumple y no poder facturar con normalidad mientras se resuelve.
En qué se diferencia de la factura electrónica obligatoria
Esta es la confusión más extendida y merece su propia sección, porque afecta a decisiones de compra de software.
Verifactu regula cómo tu programa registra, sella y conserva las facturas que emites. Es una cuestión de integridad del registro. El formato en que entregas la factura a tu cliente —PDF, papel, fichero estructurado— es indiferente para Verifactu.
La factura electrónica obligatoria entre empresas y profesionales es otra normativa distinta, derivada de la Ley de creación y crecimiento de empresas, que regula que las facturas entre empresas se intercambien en formato electrónico estructurado, con información sobre su estado de pago. Tiene su propio calendario, sus propios requisitos de formato y su propio desarrollo reglamentario.
Son dos obligaciones diferentes que van a converger en la misma herramienta: tu programa de facturación tendrá que cumplir las dos. Por eso, cuando hables con tu proveedor, pregunta por ambas a la vez. Cambiar de programa dos veces en dos años es el peor escenario posible y es perfectamente evitable preguntando ahora.
Un tercer elemento que a veces entra en la conversación es FACe y la facturación a administraciones públicas, que ya es electrónica y obligatoria desde hace años. Si ya facturas a la Administración, parte del camino lo tienes andado en cuanto a hábitos, aunque los requisitos técnicos sean distintos.
Cómo saber si tu programa actual sirve: cinco preguntas
Hay una conversación de cinco minutos con tu proveedor de software que resuelve el 90 % de la incertidumbre. Estas son las preguntas, en este orden, y lo que deberías escuchar:
1. ¿Vuestro software va a cumplir Verifactu, en qué versión y con qué fecha? Respuesta aceptable: una versión concreta y una fecha. Respuesta preocupante: “estamos trabajando en ello” sin más concreción a estas alturas de 2026.
2. ¿En modalidad Verifactu o no Verifactu? ¿Puedo elegir? Lo deseable es que ofrezcan la modalidad de remisión, que es la que menos carga técnica te deja.
3. ¿La adaptación está incluida en mi licencia o es una versión nueva de pago? Aquí aparecen las sorpresas de presupuesto. Algunos fabricantes incluyen la adaptación en el mantenimiento; otros la usan como palanca para migrarte a su producto en la nube, que suele tener un coste recurrente distinto.
4. ¿Qué pasa con mi histórico de facturas? Las facturas emitidas antes de la obligación no tienen que cumplir Verifactu, pero sí tienen que seguir accesibles durante el periodo de conservación. Si la migración implica perder acceso al histórico, eso es un problema.
5. ¿Qué cambia en mi forma de trabajar el día a día? La respuesta honesta suele ser “poco”: emites la factura igual y el programa hace lo suyo por detrás. Si te dicen que cambia mucho, pregunta exactamente qué, porque puede implicar formación del equipo.
Y si facturas con Excel o con una plantilla de Word
Entonces la respuesta es directa: eso no va a cumplir, y el cambio no es una actualización, es empezar a usar un programa de facturación.
Es más trabajo, no lo vamos a endulzar. Pero también es la oportunidad de que el resto del proceso deje de ser manual. Una empresa que factura con hoja de cálculo normalmente también lleva el seguimiento de cobros a mano, no tiene los datos de sus clientes centralizados y no puede sacar un informe de ventas sin dedicarle una tarde. El cambio de programa resuelve las tres cosas de golpe.
El criterio de elección, en este caso, debería incluir uno más: que el programa tenga API. Es lo que te permitirá automatizar después todo lo que rodea a la factura. Elegir hoy un programa cerrado condena a tu empresa a seguir haciendo trabajo manual durante los próximos cinco años.
Por qué 2026 es el año de hacerlo y no 2027
La tentación es obvia: si la obligación llega en enero de 2027, ¿por qué moverse en octubre de 2026?
Por cuatro razones prácticas que se ven en cuanto uno lo intenta.
El cuello de botella no eres tú, es tu proveedor. Todos los fabricantes están adaptando sus programas a la vez, y todos sus clientes van a migrar en la misma ventana. Quien llame en diciembre entra en una cola que no controla, con los equipos de soporte saturados.
Migrar de programa de facturación nunca es solo migrar. Arrastras el maestro de clientes, los artículos y tarifas, las series de numeración, las plantillas de documento, las conexiones con el banco, la integración con tu gestoría y, a veces, con tu tienda online. Nadie hace eso bien en dos semanas.
El cierre de ejercicio se come diciembre y enero. Si tu empresa presenta Impuesto sobre Sociedades, esos son precisamente los meses con menos manos libres.
Y la numeración de facturas tiene una frontera natural. Cambiar de sistema a mitad de ejercicio complica las series y la conciliación. Hacerlo con el cambio de año es mucho más limpio, y eso significa tener el sistema nuevo probado antes de que acabe diciembre, no el 2 de enero.
La recomendación que dan casi todos los fabricantes, y que compartimos: tratar 2026 como año de preparación —inventario, decisión, pruebas, despliegue— y 2027 como fecha de cumplimiento, no como fecha de arranque.
Qué se automatiza de verdad alrededor de la factura
Aquí conviene ser muy claro, porque se está vendiendo bastante humo aprovechando el ruido regulatorio: la inteligencia artificial no te hace cumplir Verifactu. El cumplimiento lo aporta el programa de facturación y su certificación. Cualquiera que te venda “IA para Verifactu” está mezclando dos cosas que no tienen relación.
Lo que sí resuelve la automatización es todo el trabajo humano que rodea a la factura y que hoy consume horas. Por orden de retorno:
1. Las facturas que recibes de proveedores
Este es el caso con más retorno y, curiosamente, el que menos tiene que ver con Verifactu, porque afecta a las facturas que entran, no a las que emites.
El problema es conocido: llegan por correo, en PDF, escaneadas, algunas en papel, cada proveedor con su formato. Alguien las abre una por una, teclea los datos en el programa de contabilidad, comprueba que el importe coincide con el pedido y archiva.
Lo que se automatiza bien:
- Captura multicanal: un buzón de correo dedicado, una carpeta compartida, una app de móvil para las de papel.
- Extracción de datos: proveedor, NIF, número, fecha, base, tipo de IVA, cuota, total y líneas de detalle. Los sistemas actuales leen bien incluso formatos irregulares, que es donde fallaban las soluciones de hace unos años.
- Validación contra el pedido o el albarán: si el importe no cuadra o falta un dato fiscal, se aparta en lugar de contabilizarse mal.
- Contabilización automática en el programa, con la cuenta contable propuesta según el histórico de ese proveedor.
- Archivo ordenado con nomenclatura consistente, que es lo que permite encontrar una factura de hace dos años en diez segundos.
Lo desarrollamos a fondo en automatizar facturas de proveedores con IA.
2. La documentación que falta
El clásico de cualquier asesoría y de cualquier departamento administrativo: perseguir a clientes o a compañeros para que aporten lo que falta.
Un flujo que revisa qué documentación falta por cada cliente o expediente, avisa por el canal que corresponda, recuerda a los tres días, vuelve a recordar a la semana y escala a una persona cuando se pasa el plazo, elimina un trabajo que nadie quiere hacer y que, por eso mismo, siempre se hace tarde.
El impacto real no es solo el tiempo ahorrado: es que la documentación llega antes, lo que descongestiona los picos de cierre.
3. Las excepciones
Cuando la factura no cuadra con el pedido, cuando falta un dato fiscal, cuando el importe se desvía de lo habitual para ese proveedor, cuando llega duplicada.
Aquí sí tiene sentido un sistema que razone: identificar de qué tipo de problema se trata, decidir si puede resolverlo solo —una diferencia de céntimos por redondeo, un duplicado evidente— y, si no, preparar el caso con todo el contexto para que una persona lo resuelva en un minuto en vez de en diez.
Es la diferencia entre una automatización y un agente, que explicamos en la guía de agentes de IA en empresa.
4. Los avisos de cobro
Identificar qué está vencido, cuánto, y con qué cliente conviene ser suave y con cuál firme. Generar el recordatorio con el tono adecuado, adjuntar la factura y registrar la gestión.
Es un trabajo que en muchas pymes simplemente no se hace, no por decisión sino por falta de tiempo, y que tiene impacto directo en la caja.
5. Los informes que alguien monta a mano cada mes
Ventas por cliente, por producto, margen por línea, comparativa con el año anterior. Si alguien de tu equipo dedica un día al mes a montar eso en una hoja de cálculo, es trabajo automatizable en cuanto los datos estén en un programa con API.
Lo que NO conviene automatizar de entrada
Por honestidad, y porque hacerlo mal sale caro:
La emisión de la factura en sí. El programa ya la emite en segundos; el ahorro es mínimo y el riesgo de un error con efecto fiscal, alto.
Las decisiones con efecto fiscal. Qué tipo de IVA aplicar en un caso dudoso, si una operación está exenta, cómo tratar una intracomunitaria. Eso lo decide un profesional.
La conciliación bancaria compleja en empresas con muchos cobros parciales y compensaciones, al menos no en la primera fase. Es automatizable, pero requiere reglas muy afinadas y conviene abordarlo cuando lo demás funciona.
El plan por semanas para llegar a enero
Un plan realista si empiezas en octubre de 2026 y tu empresa presenta Sociedades:
Semanas 1-2 · Inventario
Qué programa usas para facturar y en qué versión. Quién lo mantiene y con qué contrato. Cuántas facturas emites al mes y con cuántas series. Por qué vías entran las facturas que recibes y quién las procesa. Qué integraciones tiene hoy tu facturación con otros sistemas.
Esto lo puede hacer una persona de tu equipo en dos tardes, y es la base de todo lo demás. Si no tienes este inventario, cualquier decisión posterior es a ciegas.
Semanas 3-4 · Decisión de software
La conversación con tu proveedor actual, con las cinco preguntas de arriba. Si no da garantías, dos alternativas comparadas con el mismo criterio: que cumpla Verifactu y la futura factura electrónica B2B, que tenga API, que tu gestoría sepa trabajar con él y que el coste total —licencia, migración, formación— esté claro.
Pide siempre una demostración con tus casos, no con los del comercial: tu tipo de factura, tus series, tu volumen.
Semanas 5-8 · Migración y pruebas
Con datos reales y, si es posible, en paralelo al sistema antiguo durante unas semanas. Aquí es donde aparecen los problemas: series de numeración que no encajan, clientes duplicados en el maestro, artículos con precios desactualizados, plantillas que hay que rehacer.
Reserva tiempo para probar los casos raros: abonos, facturas rectificativas, anticipos, operaciones intracomunitarias. Son los que fallan.
Semanas 9-12 · Automatizar lo que rodea a la factura
Solo cuando el programa nuevo funciona con normalidad. Empezar por la entrada de facturas de proveedor, que es lo de más retorno, y ampliar desde ahí.
Hacerlo antes es construir sobre algo que va a cambiar, y es un error que hemos visto varias veces: automatizaciones montadas sobre el sistema viejo que hubo que rehacer enteras.
Si vas muy justo de tiempo
Prioriza sin complejos: primero cumplir, después mejorar. Si en diciembre solo te da tiempo a tener el programa nuevo funcionando, eso es un éxito. Lo demás se hace en el primer trimestre con calma y midiendo.
Cuánto cuesta y cómo saber si compensa automatizar
El cambio de software tiene un coste que te dará tu proveedor: licencia o suscripción, migración de datos y, a veces, formación. Es un coste conocido y acotado.
Lo que casi nadie calcula es el otro lado: cuántas horas se van hoy en el trabajo manual alrededor de la facturación. Y esa es la cifra que decide si merece la pena aprovechar el cambio para automatizar.
La cuenta es sencilla y la puedes hacer tú en diez minutos:
Facturas de proveedor al mes × minutos por factura. En una empresa que recibe 200 facturas y tarda 4 minutos en procesar cada una, son 13 horas al mes.
Tiempo de perseguir documentación. Súmalo aunque sea aproximado. Suele estar entre 4 y 10 horas mensuales en una asesoría con cartera.
Tiempo de resolver las que no cuadran. Menos volumen pero más caro, porque lo hace alguien con criterio.
Tiempo de reclamar cobros, si se hace.
Multiplica el total por doce meses y por el coste hora real de quien lo hace (salario bruto más costes sociales, dividido por horas anuales). En una asesoría de diez personas o en una pyme con volumen medio de compras, ese número suele situarse entre 15.000 y 40.000 € al año, y casi siempre sorprende, porque está repartido en ratos que nadie contabiliza.
Puedes ponerle cifras concretas en nuestra calculadora de ROI de automatización, que hace exactamente ese cálculo con tus números y te da el periodo de recuperación.
Sobre lo que cuesta automatizar: depende mucho de cómo estén tus sistemas y de cuántos procesos entren, así que cualquier cifra sin ver el caso concreto sería inventada. El desglose de cómo se presupuesta un proyecto de este tipo, con las partidas que suelen olvidarse, está en cuánto cuesta implementar IA en una empresa.
Los cinco errores de migración que más caros salen
De lo que vemos en empresas que ya han pasado por cambios de sistema de facturación:
1. Migrar sin limpiar el maestro de clientes. Se arrastran duplicados, NIF mal escritos y direcciones antiguas al sistema nuevo, y el problema se perpetúa cinco años más. El momento de limpiar es este.
2. No probar las facturas rectificativas. Es el caso que más falla y el que menos se prueba, porque es poco frecuente. Hasta que un día hay que rectificar y el sistema no deja.
3. Dejar el histórico en el sistema antiguo sin plan. Si el contrato del programa viejo caduca, puedes perder el acceso a tus propias facturas. Define cómo y dónde vas a conservar el histórico antes de dar de baja nada.
4. No avisar a la gestoría. Tu asesoría trabaja con los ficheros que salen de tu programa. Si cambias sin avisar, el primer cierre trimestral es un infierno. Conviene que participe en la elección.
5. Formar a una sola persona. Si solo una persona sabe usar el sistema nuevo y ese día está de baja, no se factura. Dos personas como mínimo, siempre.
Qué significa esto si eres una gestoría con cartera de clientes
Caso aparte, porque el problema se multiplica: no tienes que adaptar un sistema, tienes que acompañar a doscientos clientes en su adaptación, cada uno con un programa distinto y con niveles de madurez digital muy diferentes.
Lo que estamos viendo funcionar:
Segmentar la cartera. Clientes que ya usan un programa conocido que se va a adaptar solo (los más, y requieren poco más que un aviso), clientes con programas antiguos o cerrados (los que necesitan acompañamiento) y clientes que facturan en Excel (los que necesitan un proyecto).
Comunicar por oleadas, no a todos a la vez. Empezar por los que presentan Sociedades, que tienen la fecha de enero.
Tener una recomendación por defecto. Si tu despacho recomienda uno o dos programas concretos que conocéis bien, la migración es mucho más manejable que si cada cliente elige por su cuenta.
Y aprovechar para automatizar vuestra propia entrada de documentación. Si los clientes van a cambiar de programa de todas formas, es el momento de establecer cómo os hacen llegar las facturas, en qué formato y por qué canal. Ese cambio, bien planteado, os ahorra más horas que cualquier otra cosa. Lo tratamos en IA para gestorías y asesorías.
Preguntas frecuentes sobre Verifactu
¿Verifactu me obliga a cambiar de programa de facturación?
Solo si el tuyo no se va a adaptar. La mayoría de programas comerciales están publicando versiones conformes, y en muchos casos la adaptación llega como actualización incluida en el mantenimiento. El problema real lo tiene quien factura con hoja de cálculo, con plantillas de Word o con un desarrollo propio antiguo sin soporte: ahí sí hay que cambiar, y ese cambio lleva semanas, no días.
¿Qué diferencia hay entre la modalidad Verifactu y la no Verifactu?
En la modalidad Verifactu, tu programa envía cada registro de facturación a la Agencia Tributaria en el momento de emitir la factura. En la no Verifactu, los registros se quedan en tu sistema, pero con requisitos técnicos más exigentes de firma, conservación y trazabilidad, y tienen que estar disponibles si la Administración los solicita. Para la mayoría de pymes, la primera opción implica menos responsabilidad técnica propia y menos que demostrar en caso de comprobación.
Estoy en el SII, ¿me afecta Verifactu?
No. Quien ya remite sus registros de facturación a través del Suministro Inmediato de Información queda excluido de la obligación de Verifactu. Tampoco afecta a quien factura bajo TicketBAI en el País Vasco, que tiene su propio sistema con calendario propio. Si tienes actividad en ambos territorios, conviene revisar el caso concreto con tu asesoría.
¿La factura tiene que llevar un código QR?
Sí. Las facturas emitidas por sistemas conformes incorporan un código QR que permite a quien la recibe verificar sus datos, y las emitidas en modalidad de remisión incluyen además una leyenda que indica que el registro ha sido enviado a la Agencia Tributaria. Esto lo genera tu programa automáticamente: no es algo que tengas que añadir tú.
¿La IA puede emitir mis facturas automáticamente?
Técnicamente se puede, pero rara vez es lo que más conviene. La emisión de facturas es un proceso con efectos fiscales donde un error tiene coste y donde el ahorro de tiempo es pequeño, porque el programa ya la emite en segundos. El retorno está en el otro lado del proceso: en las facturas que recibes y en todo el trabajo de recopilar, contrastar, reclamar y conciliar. Ahí es donde se van las horas y donde la automatización tiene sentido.
¿Cuándo debería empezar si soy autónomo y me obliga en julio de 2027?
Tienes más margen, pero el mismo problema de cola: todos los autónomos y pequeños negocios van a migrar en la misma ventana de la primera mitad de 2027, con los proveedores saturados. Lo razonable es tener elegido el programa antes de que acabe 2026 y hacer la migración en el primer trimestre, con calma. Si además hoy facturas con una hoja de cálculo, cuenta con que el cambio implica también aprender a usar una herramienta nueva, y eso lleva su tiempo.
¿Esto me obliga también a hacer factura electrónica con mis clientes?
Son dos cosas distintas que se confunden constantemente. Verifactu regula cómo tu programa registra y conserva las facturas que emites, con independencia del formato en que se las entregues al cliente. La factura electrónica obligatoria entre empresas es otra normativa, con su propio calendario, que regula el formato estructurado del intercambio. Lo práctico: pregunta a tu proveedor por las dos a la vez, porque la solución va a ser el mismo programa y no quieres cambiar dos veces.
¿Qué pasa si emito muy pocas facturas al año?
La obligación no depende del volumen: si emites facturas usando un sistema informático, te aplica. Quien factura muy poco y lo hace manualmente tiene supuestos particulares que conviene consultar con la asesoría. En cualquier caso, para volúmenes pequeños hay programas sencillos y económicos que resuelven el cumplimiento sin complicaciones.
¿Puedo seguir usando mi programa antiguo para consultar el histórico?
Sí, y de hecho es lo habitual durante un tiempo. Lo que hay que planificar es qué pasa cuando venza la licencia o el soporte de ese programa: necesitas garantizar el acceso a tus facturas durante todo el periodo legal de conservación. Las opciones son mantener una licencia mínima, exportar el histórico a un formato consultable o migrarlo al sistema nuevo. Decídelo antes de dar de baja nada.
¿Cuánto tarda la migración a un programa nuevo?
Para una empresa pequeña con pocos clientes y una sola serie de facturación, entre dos y cuatro semanas incluyendo pruebas. Para una empresa con varias series, integración con tienda online o ERP, y un maestro de clientes grande, entre uno y tres meses. La variable que más influye no es el tamaño, sino cuántas integraciones hay que rehacer.
Qué hacer esta semana
Si tu empresa presenta Impuesto sobre Sociedades, quedan menos de tres meses y el primer paso no es técnico: es hacer el inventario y llamar a tu proveedor de software con las cinco preguntas de arriba. Con esa conversación sabrás si tienes un trámite o un proyecto.
Si además quieres aprovechar que vas a tocar el proceso para dejar de meter facturas a mano, el momento de plantearlo es ahora, cuando aún puedes elegir un programa con API y diseñar el flujo completo, no después.
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